DOSSIER

Por el placer de tertuliar





Por: Andrea Victorino Ramírez, Juan David Correa Ulloa

 

Recuperar la conversación y hacer de las tertulias literarias una manera de reunir a la gente alrededor de los libros y la lectura son algunos de los temas de una convocatoria lanzada en 2004 por el Ministerio de Cultura y Fundalectura, con el apoyo de Philip Morris. Durante casi un año, el proceso arrojó resultados en cien municipios colombianos.

 

Yadira Gómez fue una de las primeras en llamar. Era lunes 31 de mayo. A las ocho de la mañana, Yadira quería saber de qué se trataba el asunto de la convocatoria de Tertulias Literarias que habíamos lanzado el 19 de mayo en la Biblioteca Nacional. Ya habíamos diseñado una cartilla con algunas pautas sobre cómo organizar una tertulia, con un panorama histórico y ejemplos de ejercicios para realizarlas. Desde tiempo atrás, en Fundalectura habíamos pensado que la creación y el estímulo de estos grupos no podía hacerse sin libros. Por ello, recurrimos a uno de los materiales que más éxito ha tenido en los servicios itinerantes de lectura: el morral librero. Se trata de un morral de campaña diseñado para llevar y exhibir libros, en el que caben aproximadamente treinta y dos volúmenes que pueden cargarse con facilidad. También habíamos discutido el perfil de los libros. Pensamos que lo ideal sería conformar una breve biblioteca latinoamericana para articular el trabajo de las cien tertulias que premiaríamos.

Con todo, estábamos a la espera. El suspenso por lo que podría producir una convocatoria que sería enviada en la última semana de mayo a la totalidad de los municipios colombianos, nos producía una extraña sensación. De un lado, no sabíamos si la gente se iba a animar; de otro, nos preocupaba que las propuestas fueran demasiado amplias y no se concentraran en nuestro tema: la lectura. Nuestras prevenciones, sin embargo, fueron disminuyendo a medida que llamadas como las de Yadira comenzaron a entrar a Fundalectura. Desde aquel lunes y hasta el 15 de julio, el conmutador no dio abasto: ahora, pensábamos en cuántas respuestas recibiríamos.

Volviendo a Yadira, nos dijo que desde hacía un tiempo trabajaba en el municipio de Pueblo Viejo, corregimiento La Estrella. “Mira, a través de la creación de una biblioteca hemos tratado de bajar los niveles de violencia. La gente quiere participar en la convocatoria de tertulias literarias”. El asunto, le decíamos a la gente como Yadira, es proponer que esa vieja práctica de hacer tertulias se renueve, que le demos valor a la conversación sobre libros, que comencemos a pensar que eso que ocurre de manera informal en las plazas, los parques, las bibliotecas, los cafés, las librerías o los salones, se haga visible. Y para eso es la convocatoria. Un formulario de tres páginas en donde se contesten algunas preguntas, mencionando las personas que ya se reúnen a tertuliar o a las que invitarán a fundar esa costumbre. No se trata de quitarle la informalidad. No se trata de crear instituciones, se trata, acaso, de hacer de la conversación sobre literatura una manera de poner el tema de la lectura en boca de todos en Colombia.

Las tertulias de este proyecto nacieron por la necesidad de fortalecer el componente de promoción de lectura del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, emprendido por el Ministerio de Cultura, desde hace dos años. Participar en una tertulia requiere leer, ir a la biblioteca y buscar libros, pero también que las bibliotecas le presten los libros a la gente para que los lleve a sus casas y los lean en intimidad. Así se fortalece el vínculo entre biblioteca y comunidad. La lectura escapa a lo académico, se convierte en grupo de gente, pasa por la voz de quien lee o cuenta emocionado aquello que lo desveló la noche anterior. La lectura, más allá del activismo, es posibilidad. Y la tertulia en ese sentido es quizás una manera para comenzar a recorrer ese camino.

Recibimos cientos de llamadas más. Desde la de aquella conmovedora mujer pidiendo que le recomendáramos un grupo al que pudiera unirse su esposo, según ella “una enciclopedia ambulante”, hasta las de quienes indagaban si podían proponer temas como la cocina, la filosofía o el arte. El hombre, solo y pensionado, buscaba a través de su mujer gente con la cual él pudiera hablar de sus lecturas. No pudimos sino animarla a que insistiera en bibliotecas y librerías, en que buscara de alguna manera poner en contacto la soledad con la voz. A los demás, sólo pudimos decirles que la idea de estas tertulias era simplemente leer literatura y conversar sobre lo leído. Desde el 20 de mayo y hasta el 15 de julio, minuto a minuto, entraron llamadas: la gente tiene necesidad de hablar, de congregarse, de pasar del acto solitario a la lectura en voz alta, de identificarse con otros que han encontrado en los personajes de los libros compañeros inseparables.

Los resultados

Una vez cerrada la convocatoria, clasificamos el material. Nuestra sorpresa no pudo ser mayor: llegaron 489 formularios de 28 departamentos del país. Unos 200 grupos aún estaban en proyecto de creación; el resto, eran tertulias consolidadas en muchos rincones de Colombia. Tuvimos la certeza de haber lanzado una invitación que sí cumplió con el propósito de dinamizar el trabajo de los Grupos de Amigos de las Bibliotecas dotadas por el PNLB, cuando comprobamos que muchas de las propuestas recibidas venían de los municipios donde ellas se ubicaban. Había proyectos de toda clase de grupos: de maestros, trabajadores sociales, personas congregadas alrededor de instituciones o simplemente de amigos que se reunían en una tienda, la biblioteca pública –cuando la había– o el parque.

Por ello, elegir no fue fácil. Los comentarios del jurado, compuesto por Jorge Orlando Melo, director de la Biblioteca Luis Ángel Arango, y por los escritores Piedad Bonnett, Juan Gustavo Cobo Borda y Fernando Toledo, fueron elogiosos y hacían énfasis en la difícil elección, no como mera formalidad sino porque, en verdad, las propuestas los sorprendieron. No bien dimos a conocer los resultados, el 24 de agosto en la Biblioteca Virgilio Barco de Bogotá, los ganadores aparecieron desde todos los rincones de Colombia. En Boyacá, clubes de lectura que mezclaban cine con literatura; en Bucaramanga, una tertulia de reclusos que invitaba a leer en los ratos libres; en Agua de Dios, Cundinamarca, la loable labor de una mujer que iba por los albergues llevando el consuelo de la lectura de libros en voz alta a muchas personas que aún padecen lepra.

Todas esas voces que escuchábamos desde hacía unos meses, de personas que se habían enterado por distintos medios de la convocatoria, tomaron cuerpo, nombre y apellido. A los cien grupos ganadores les hicimos llegar el morral librero con la colección; a las casi quinientas personas que los conformaban, las invitamos a participar de un proceso de seguimiento que nos descubrió dificultades, pero que nos enseñó que las regiones y los municipios alejados tienen muchas cosas que decirnos. Tertulias y tertuliaderos han ido apareciendo a lo largo de este año por el teléfono. Experiencias que se hacen visibles por la gracia de la conversación.

Cien grupos escogidos y todo por hacer...

Piedad estuvo esperando la llegada del morral casi tres semanas, ella es la coordinadora de la tertulia Cuentos Para Contar, ubicada en el corregimiento de San Juan, en Nariño. “Aquí no nos llega nada, y cuando nos llega se demora eternidades” fue lo que nos dijo en una de las tantas llamadas que hizo para averiguar “algo” sobre el morral. Después de algunos días de espera, “que parecieron siglos”, como escribió Rodrigo, otro de los coordinadores, el morral no solamente llegó a San Juan sino también a Pitalito, Montería, Tulúa, San Pedro, San Estanislao, La Estrella y los otros 81 municipios más que albergan a las tertulias que participaron y fueron premiadas.

Y si ellos estuvieron esperando con ansia la llegada del morral, nuestro sentimiento no era menor esperando respuesta a las preguntas que les habíamos formulado. “¿Cómo califica la colección de libros enviada por Fundalectura?” De Tibasosa, nos escribieron: “No podemos calificar de manera cuantitativa la colección pero sí podemos decir que los títulos son muy buenos, la calidad de la colección depende del uso que le dé la tertulia”, otros grupos opinaron que la colección estaba bien pero que hacía falta algo de literatura universal y de teatro, pero casi todos coincidieron en halagar la calidad editorial de los libros y en afirmar que lo más importante es que eran de ellos, eran sus libros. “¿Qué pasó el día que el morral llegó?” En San Estanislao la llegada fue todo un acontecimiento, todo el pueblo se reunió en la plaza a ver como el cura bendecía los libros. En Pasto, el inicio de las reuniones y la llegada del morral se convirtieron en un acontecimiento social, al coctel de inauguración fueron invitados el alcalde, el gobernador y más de un senador que se encontraba de paso por la ciudad. “¿Cómo se sienten?” Muy entusiasmados y con muchos proyectos para poner en marcha, fue la respuesta casi unánime.

Estas preguntas hacen parte de la primera encuesta enviada por Fundalectura para dar inicio al plan de seguimiento de las tertulias. Las respuestas nos permitieron conocer la experiencia de lectura y de trabajo de cada uno de los grupos, así como entablar un diálogo donde compartimos dudas, sugerencias y comentarios. Pero el seguimiento no podía estar sujeto a las preguntas que se formulaban desde aquí, era necesario pensar en una herramienta que nos acercara más a ellos y nos facilitara conocerlos desde la distancia.

“¿Diarios de observación?, ¿qué es esa vaina?”, fue la primero que dijo don Pedro, coordinador de la tertulia La Biblioteca, al recibir la carta que le habíamos enviado a él y a los otros 99 coordinadores pidiéndoles que escribieran diarios de observación de las reuniones y que nos los enviaran en unas fechas establecidas para darnos tiempo suficiente para leerlos y retroalimentar a los grupos con algunos comentarios sobre sus lecturas, sobre todo con el objetivo de infundirles mucho ánimo para que siguieran adelante con ese trabajo que apenas comenzaba. Lo que buscábamos con esta “vaina” era que los coordinadores de cada grupo nos hicieran un relato casual de cada una de las reuniones, contándonos cuál fue el autor escogido, el tema sobre el que giró la conversación y qué comentarios hicieron los participantes.

El 22 de octubre llegaron los primeros diarios. Empezar fue lo más difícil porque no todos los grupos respondieron, pero eso no nos desanimó; al contrario, buscamos nuevas vías de comunicación para enterarnos de qué estaba pasando. Recurrimos al teléfono, al correo electrónico y hasta a las cartas, con un único propósito: apoyarlos en esta aventura en la que nos habíamos embarcado.

Los resultados no podían ser mejores. Rodrigo y Milena coordinadores de la tertulia 70 Garrapatas Tocando Violín-Las Tres Ruedas de la Zorra, habían creado con anterioridad un cine club, que estaba acercando de manera paulatina los jóvenes al cine, y a largo plazo esperaban llevarlos a la literatura. Después de quedar seleccionados por la convocatoria tienen todos los sábados proyección de películas, los jueves reunión para tertuliar y los viernes programa radial… todo empezó con la idea de escribir: “¡De verdad lo que queríamos era escribirnos un volante que informara pequeñas cosas de interés de los tibasoseños! Pero qué falta de formación, que tenemos que leer más, que leemos y no entendemos. Hay que acrecentar nuestro nivel cultural. ¿Que cómo? Pues con el cine. Entonces a conseguir todo y a programar funciones. La literatura aguanta para un programa radial, ¡listo! Hablemos con Memo. ‘Claro, muchachos. Pásenme el proyecto. Esta música, estas secciones, el escritor, su obra, lo que opina, un texto.’ ”. En Magangué, Linda coordina la tertulia La Metamorfosis y diseñó con algunas profesoras que asisten a las reuniones un programa al que llamaron “La Biblioteca va a la escuela” en el que cada semana visitan una escuela rural cercana a su municipio y leen por espacio de una hora con los niños de primero y segundo de primaria. Las tertulias también han diseñado campañas de lectura con el morral librero o, en algunos casos, con la “mula viajera” como la tertulia El Viento en los Sauces, de Nueva Granada. Coordinada por Luis, la tertulia lleva en la mula libros a los municipios cercanos que no cuentan con una biblioteca. Diez de las cien tertulias escogidas han emprendido este tipo de campañas con el morral librero en estos siete meses de trabajo.

La radio no solamente ha sido preocupación de Rodrigo y Milena, de las cien tertulias escogidas, doce han gestionado y creado un espacio radial, donde dedican tiempo a leer, hablar sobre la vida de los autores y escoger la música que más les gusta, para que sus oyentes la disfruten. En Chía, la Tertulia Poética dedica su programa “Sociedad” a la lectura de poesía y en cada emisión cuentan con un invitado especial, que por lo general es un poeta de la región o una persona especializada en el tema literario.

Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, mientras esas doce tertulias estaban preparando semanalmente su emisión, nosotros estábamos trabajando en una serie de programas de radio sobre diez autores latinoamericanos. Queríamos hablar sobre sus vidas, sobre sus libros y, sobre todo, llevar sus voces a todos los rincones del país. Para poder hacerlo teníamos que buscar a alguien que hubiera dedicado gran parte de su vida a divulgar la literatura y la cultura a través de la radio. No podía ser otro que Álvaro Castaño, director de la emisora HJCK de Bogotá, emisora que cuenta con una trayectoria de más de cincuenta años y en cuyo archivo hay grabaciones de las voces de muchos escritores que han pasado por los estudios de la emisora.

Primero, la investigación biográfica, luego leer un poco sobre la obra, volver a ella, escribir el guión; después, escoger la música y, por último, lo más placentero, escucharlos. Escoger los fragmentos que se incluyeron en los programas no fue fácil, porque todo lo que escuchábamos nos parecía esencial, pero sólo eran treinta minutos y había que escoger. El resultado, un estuche con cinco discos que llamamos Diez escritores latinoamericanos y su tiempo, con las voces de Cortázar, Gómez Jattin, Neruda, García Márquez, Juan Rulfo… Este proyecto no hubiera salido a flote sin la colaboración permanente de Álvaro Castaño y todo el equipo de producción de la emisora.

El estuche lo enviamos a las tertulias en marzo, seguros de que sería una nueva herramienta de divulgación de los autores y de las tertulias, una nueva forma de promover la literatura en todo el país pues les planteamos aliarse con las emisoras comunitarias e indígenas para gestionar con ellas espacios dedicados a la lectura de literatura.

La producción cultural alrededor de las tertulias se ha intensificado, el 70% de ellas pertenecen a la casa de la cultura o a la biblioteca, lo que ha convertido a los integrantes de cada una de ellas en gestores de lunadas poéticas, jornadas de lectura en voz alta, conciertos, convocatorias de poesía o cuento y creadores de nuevas tertulias.

En Caldas y Norte de Santander están organizando una red de tertulias literarias, reuniendo no sólo los grupos premiados por la convocatoria, sino también los otros que participaron en ella y los que están naciendo. Este tipo de iniciativas ha reunido alrededor de la lectura a niños, jóvenes y adultos, madres comunitarias, profesores, obreros y profesionales de distintas disciplinas... todos han encontrado en las tertulias literarias un espacio de encuentro y conversación.

Durante la etapa de seguimiento recibimos de cada tertulia cuatro diarios de observación y dos encuestas, información que nos permitió reconocer sus cualidades y preocupaciones para seleccionar ocho que nos acompañarán en el Primer Encuentro de Tertulias Literarias, que se llevará a cabo en la 18ª Feria Internacional del Libro. Piedad Bonnett, Juan Gustavo Cobo Borda, Juan Manuel Roca y Conrado Zuluaga conversarán sobre literatura con los representantes de las tertulias seleccionadas.

De esa manera, en casi un año, nos hemos sorprendido con la inmensa diversidad de este país. De sus acentos, escuchados por el teléfono; de su piel, que hemos visto en algunas visitas a las tertulias; de sus voces, tan múltiples, tan llenas de fuerza a pesar de las dificultades que entraña una realidad dura. Ahora, después de que los volvamos a ver en un encuentro en la XVIII Feria Internacional del Libro de Bogotá, Fundalectura y el Ministerio de Cultura, con el apoyo de Philip Morris Colombia, han decidido realizar una nueva convocatoria: esta vez, dirigida a las emisoras comunitarias e indígenas, que deben mandarnos una propuesta de emisión de los programas de radio que realizamos el año pasado, así como una posible continuación del mismo. Volvemos a estar a la espera. A la expectativa. No sabemos qué cosas llegarán, pero estamos seguros de que, de seguro, serán seres de carne y hueso que, esta vez, detrás de un micrófono, soñarán con esos mundos posibles que nos entrega, página a página, la lectura.

Andrea Victorino Ramírez, Juan David Correa Ulloa
Graduados en literatura, coordinan el programa de Tertulias Literarias del PNLB desde Fundalectura, donde Juan David tiene a su cargo la Oficina de Prensa. Adicionalmente, él es autor del libro Las bibliotecas cuentan y escribe la columna “Ojo a las Hojas” en el periódico El Espectador.