DOSSIER

Palabras no convencionales





Fundalectura entrevista a Patricia Correa

 

Coordinadora de Palabras que Acompañan-Dolex/GlaxoSmithKline, Patricia Correa se refiere a las estrategias que ha implementado este programa para acompañar a niños y jóvenes hospitalizados, pero también a soldados heridos, con lecturas que permiten un tránsito del tiempo detenido al tiempo de la imaginación, el conocimiento y el encuentro, ese tiempo que cambia la perspectiva desde la cual se enfrenta el futuro.

Tiempo detenido

Esto, exactamente esto, experimentan muchas personas cuando están hospitalizadas o cuando están enfermas y deben asistir a consulta médica. El tiempo en cama, no por descanso o por placer sino por necesidad, impuesto por una condición de salud, o el tiempo a veces muy largo de la espera en consultorios o laboratorios es como tiempo detenido en el que no puede hacerse mucho y lo poco que puede hacerse es bastante monótono.

Asociar la lectura a estos momentos es bastante usual, una lectura que por lo demás es también bastante particular: los textos que se encuentran en estos espacios no se pueden elegir, en su mayoría son textos viejos que han perdido actualidad y aun vigencia; casi siempre revistas en muy malas condiciones, muchas veces incompletas; son objetos de lectura que nadie teme que se lleve alguien consigo y, para no extendernos, son textos con los que los adultos tratan de entretenerse pero que los alejan de sus pequeños, convirtiéndolos en acompañantes mudos y sordos a las necesidades e inquietudes de los niños.

También hay otra lectura, la de la televisión; ese medio de comunicación que ha ganado una especie de omnipresencia en las habitaciones de los hospitales y salas de espera; una especie de imposición de la imagen y el sonido aun en momentos en los que se anhela el silencio. Texto televisivo que no puede ofrecer ese contacto personal que es tan necesario cuando nos sentimos vulnerables, enfermos. Televisión que excusa el silencio y la falta de palabras para compartir entre padres e hijos en esos momentos cuando son tan importantes.

Por lo general, son estos los tipos de lectura, bastante pobres y distorsionadores de la inmensa riqueza psicológica y cultural que la verdadera práctica provee, los que encontramos en los espacios en que se atienden los problemas de salud de adultos y niños: hospitales, clínicas y consultorios médicos. Los dos son una evolución, que podríamos llamar perversa, de una práctica antigua y en verdad importante.

Sin embargo, desde hace más de dos años Palabras que Acompañan trabaja para proveer lecturas significativas, enriquecedoras, en numerosos hospitales del país. La siguiente es una entrevista que sostuvimos con la coordinadora de este programa.

¿Qué es Palabras que Acompañan?

Palabras que Acompañan es un programa de retribución social que desde el 2002 busca incidir en el mejoramiento de la calidad de vida de un sector de la población colombiana, a través de la lectura. El primer grupo humano objeto del programa fueron los niños y los jóvenes hospitalizados en las instituciones de salud del país. Hoy Palabras que Acompañan lleva acompañamiento lector a niños y jóvenes en cuarenta y dos hospitales y clínicas de siete ciudades capitales. Un año después y debido a esa experiencia el Ministerio de Defensa solicitó nuestro apoyo para atender a los soldados del Batallón de Sanidad en Bogotá, trabajo que comenzó a mediados del 2003.

Palabras que Acompañan a niños y jóvenes en los hospitales

¿Por qué la propuesta del programa es novedosa?

No sólo es bastante novedosa, también es poco convencional. Y lo es no por llevar lectura a los hospitales, una práctica muy vieja, sino por la conjugación de varios elementos: primero por el tipo de financiamiento; a diferencia de casi todas las experiencias mundiales, apoyadas por entes gubernamentales u organizaciones como la Cruz Roja, este programa es posible gracias al compromiso con la comunidad de una empresa privada (GlaxoSmithKline) y la dirección del medicamento (Dolex). Segundo, por la claridad en sus lineamientos, que determinan el acompañamiento lector como un verdadero aporte al mejoramiento de la calidad de vida de los niños y jóvenes hospitalizados en el país. Y tercero, por el diseño de la atención y la constante preocupación por la calidad de cada uno de los componentes que la hacen posible.

¿Cuál es la orientación de Palabras…?

Más allá de una simple intervención en que se utiliza la lectura para aliviar por un momento la estancia de los niños en el hospital, el programa trabaja por crear espacios reales de encuentro entre lectores y libros, espacios de comunicación con otros y espacios de palabra.

No es ir a leer por leer, es ir a leer porque esa acción permite transformar profundamente una realidad agobiante y dolorosa, cruzada por el miedo, en donde la pérdida de la autonomía es casi total.

Palabras que Acompañan busca crear oportunidades de reconstrucción del mundo íntimo de cada uno de los pequeños pacientes con los que entra en contacto. Esa serie de espacios personales que están completamente intervenidos por la dinámica hospitalaria, tienen aquí una posibilidad para rearmarse, o armarse por primera vez, para recuperar su lógica y el control por parte del niño. Su mundo ya no es sólo la enfermedad y todo lo que gira en torno a ella, su mundo está lleno de otras muchas cosas, inquietudes, conocimientos y deseos.

Y es esta certeza la que permite la recomposición de una imagen de sí mismos que el dolor y los tratamientos han ocultado. Recuperada esta imagen o ganada en este proceso, se hace posible enfrentar con valor muchas circunstancias que anteriormente controlaban al niño y a sus acompañantes. Él ya puede decidir si desea leer o no, si quiere leer esto o aquello, si necesita callar o hablar de lo leído, si se da permiso para expresar la rabia, el miedo, la esperanza.

El tiempo en el hospital deja de ser tiempo detenido para convertirse en tiempo recreado, tiempo de imaginación y conocimiento, tiempo para compartir con otros, con autores e ilustradores que presentan su visión del mundo, que cautivan con la fuerza de una historia bien contada, que muchas veces hablan de cosas similares por las que pasa ese lector niño o joven y que dicen con muy buenas palabras lo que ellos han querido decir tantas veces.

Tiempo de encuentro con los lectores del programa que están allí y ofrecen leer para y con el niño, para y con la madre o el padre. Un acompañante que respeta cada uno de los derechos del pequeño como lector, pero principalmente como ser humano, al no relacionarse con él desde su enfermedad sino desde su especificidad de niño y joven al que encantan la voz y el relato.

Espacio para encontrarse de otro modo con los padres, de compartir gustos y expresar diferencias, de identificarse o distanciarse amorosamente para ganar autonomía; de encontrar qué hacer juntos con todo ese largo tiempo que sobra en el hospital. Tiempo para mirarse a los ojos y decir lo que necesitan decirse, o lo que no necesitan porque saben que el otro lo sabe y lo comprende.

Y por último, tiempo para encontrarse consigo mismo. La lectura acompañada por cualquier cómplice, o la autónoma y más íntima, permite construir un espacio físico y temporal muy personal, en donde es el niño o el joven quien decide, pone límites y reglas, establece rituales que ordenan su mundo, tiene la palabra y gana toda su dignidad como persona, con ideas y experiencias propias, persona igual pero específica, única e irrepetible.

¿Qué tipo de libros alimentan estas Palabras?

Un programa que propende por todo lo anterior debe soportar su trabajo en la mejor calidad no sólo de la mediación sino de los libros que pone en las manos de los pequeños pacientes y sus acompañantes.

Con respecto a la colección de materiales bibliográficos, esta responde a una serie de requisitos indispensables para poder cumplir con la tarea. Es rica en propuestas textuales e ilustradas, en diversidad de géneros y de formatos. Son libros de excelente calidad literaria e informativa, que se seleccionan tomando en consideración el trabajo de otros formadores y promotores de lectura en el país. Y como complemento de estos libros y para tocar otros temas de suma importancia en los momentos de enfermedad, Palabras que Acompañan ha editado una colección especial de materiales dirigidos a niños y padres: para los niños, dos cuentos cortos, una recopilación de nanas y arrullos con un CD para recordar melodías y una serie de propuestas de juego para cuando se está en cama. A los padres, para que sean mejores acompañantes de sus hijos en los procesos de enfermedad, se entregan: recomendaciones para esos momentos de ir al médico, esperar en salas de consulta o vivir una hospitalización.

¿Cuál es el papel de los mediadores?

Ya hemos tocado este aspecto cuando señalamos el encuentro con los lectores del programa, que están allí para promover que aquello que busca el programa verdaderamente suceda, para hablar y escuchar toda esa serie de palabras que se generan antes, durante y después de las lecturas. Pero existe otro aspecto importante que enriquece y cualifica aún más su labor, se trata de la elaboración de registros.

Esta es una práctica que llevan a cabo varios colectivos que trabajan por la formación de lectores en diferentes lugares del mundo. La sistematización de la observación personal realizada durante el acontecimiento lector permite volver al momento, analizar variables y constantes, conocer de lectores y lecturas posibles.

Es una práctica que sirve sobre todo al niño, porque todos estos adultos involucrados en la acción se toman un tiempo para pensar en él, en la calidad de la relación que a cada momento se construye. Luego de pensada, registrada la observación, nuevamente leída y conversada con otros, los lectores vuelven a leer a y con los niños pero ya las cosas están completamente modificadas. El niño no sabe qué pasó pero percibe que algo cambió. Esta serie de cambios y reacomodos para poder establecer verdaderos vínculos contribuye de manera fundamental a lograr los objetivos del programa y a la integración de los pequeños y jóvenes a la sociedad de los alfabetizados. El niño y sus relaciones son lo primero, y no el libro o la lectura formal.

Este es un registro de Carmenza Moreno, del equipo de lectores de Bogotá, que constituye un buen ejemplo de todo lo anterior:

Estando en Transmilenio tuve la sorpresa de encontrarme con la mamá de Dayana, 4 años y una de las primeras niñas a quién le leí. La mamá me dijo: “Usted fue la primera persona que le leyó cuentos a mi hija, desde ahí a la niña le gustan mucho los cuentos. El otro día pasamos por una librería y me pidió que le comprara un cuento. Yo le dije que mejor le compraba un juguete o un helado, pero inmediatamente se puso a llorar y hacer pataleta, me halaba del brazo para que entrara y se lo comprara, me desesperé tanto que se lo compré. A Dayana le gustan más los libros que las muñecas; le regalan un libro y grita de la emoción; anda con el libro debajo del brazo para todas partes; pone el libro a su lado hasta para comer; habla con los libros y se ríe. Cuando estoy lavando, Dayana viene con el libro hasta donde estoy a leerme. Pienso que cuando sea grande va a estar rodeada de libros.

Palabras no convencionales en un espacio nada convencional

Retomemos la otra línea de acción del programa, ¿cómo es llegar a leer a un batallón del ejército?

Es como llegar a uno de los tantos pequeños poblados de nuestro país: plaza central, iglesia, oficina de Telecom, cafetería, sastrería, papelería, sanidad y, en vez de Alcaldía, Comandancia... Allí cerca de quinientos hombres tratan de recuperarse de las heridas y los problemas serios de salud que les ha dejado su participación en combate.

Cuando uno ingresa al Batallón puede encontrar una formación de hombres que reciben instrucciones, otros que juegan un partido de fútbol, algunos que conversan en las calles cercanas a la plaza, otros, muchos, que se desplazan en muletas o en sillas de ruedas a terapias y exámenes médicos. También hombres que deben permanecer en cama después de salir del Hospital Militar. Los demás asisten a clases pues realizan estudios para su ascenso o se preparan para el momento de abandonar la institución: estudian para validar la primaria y el bachillerato, o capacitarse en microempresas e informática. Por ello en el Batallón también hay aulas y biblioteca.

¿Cómo son los soldados del Batallón de Sanidad?

Primero, no son una población estable; permanentemente están llegando y yéndose, algunos vuelven a sus batallones en cualquier parte del país, para reintegrarse a sus obligaciones en las Fuerzas Armadas; otros deben ir a casa y tratar de comenzar una nueva vida. Un comenzar que para muchos es el reto más grande que puedan enfrentar.

Son hombres fuertes, que han enfrentado la muerte desde sus dos caras, que siempre habían contado con suerte, que en muchas ocasiones pensaron que jamás les pasaría nada igual. La mayoría son profesionales; eligieron el ejército como su opción de participación en esta sociedad; se han capacitado, han aprendido, han formado su imaginario como miembros de las Fuerzas Armadas. Aman y respetan su oficio, no saben hacer otra cosa, son parte de este colectivo, a él pertenecen, en él quieren permanecer.

Pero para un gran número de ellos esto ya no es posible. Sus heridas, sus mutilaciones, las secuelas físicas y emocionales son tan grandes que deben retirarse. Y ahora se plantean qué harán de su vida. A esa pregunta, luego del primer proceso de entender y aceptar su nueva situación, es a la que cada uno tiene que encontrar una respuesta. El futuro no les causa temor sólo por entrever largos tratamientos, carencia de bienes materiales, dificultades para conseguir un empleo, sino también porque deben construir una nueva imagen de sí mismos y encontrar un grupo diferente al Ejército al cual pertenecer.

Es un drama colectivo, pero es también y fundamentalmente un drama singular. Algunos están mejor equipados, otros no tienen lazo alguno del que agarrarse. Tanto para unos como para otros, el trabajo de un grupo de profesionales que los rodean es primordial. Al esfuerzo de sicólogos, médicos, enfermeras, terapistas, capacitadores, comandantes, personal civil, se une el equipo de Palabras que Acompañan.

¿Por qué leer con ellos?

Para responder esta pregunta sirven muy bien las palabras de Michèle Petit:

... en la lectura hay algo que puede ir mucho más allá del olvido temporal de las penas. Algo que, en el hospital, tiene que ver con el sentido de la vida, con mantener la dignidad, con mantener la humanidad, a pesar de las mutilaciones y las curaciones humillantes. Esto tiene que ver con la recomposición de la imagen de uno mismo, ese uno mismo a veces herido en lo más profundo. Cuando uno se siente despedazado, cuando el cuerpo es atacado, y se despiertan gran cantidad de angustias y fantasías arcaicas, la reconstrucción de una representación de sí mismo, de su interioridad, puede ser vital. Y en las lecturas, o también en la contemplación de obras de arte, hay algo que puede ser profundamente reparador.

Es esto lo que el programa trata de brindar: la oportunidad de compartir palabras. Primero con los lectores, que están allí dispuestos a hablar y, más que nada, a escuchar y comprender. Lectores que traen, además, relatos no sólo para pasar el rato, servir de apoyo en una curación dolorosa, entretener… sino para permitir el acceso a otras formas de sociabilidad, mostrar que hay más. Compartir relatos que envuelven, que cobijan, que permiten la imaginación de otros mundos posibles donde los soldados puedan encontrar un espacio que invite a ser habitado, que les haga sentirse acogidos.

¿Sus mediadores son tan poco convencionales como el programa?

Los lectores de Palabras que Acompañan atienden a un perfil que no tiene mucha relación con la escuela o la biblioteca, esos espacios y sus agentes a quienes siempre se les define la tarea de construir sociedades lectoras. Los integrantes del equipo son fundamentalmente personas a quienes les gusta leer y pueden invitar a otros a leer; son personas sensibles que pueden establecer relaciones con una enorme diversidad de personas: niños, jóvenes, padres, profesionales de la salud, adultos mayores. Tienen además frente a la enfermedad, una actitud tranquila y respetuosa. Son estudiantes de diferentes carreras humanísticas, artistas, algunas maestras, sicólogas, terapistas y bibliotecólogos que no responden a los estereotipos, también mujeres que son madres y abuelas. Como puede apreciarse no son los agentes mediadores convencionales pero su enorme capacidad, la comprensión de su tarea y el compromiso con la misma han permitido el éxito de la acción en cada uno de los hospitales y clínicas que atienden.

Sin embargo, y a pesar de todas estas características y de la experiencia de dos años de trabajo ininterrumpido, la labor en el Batallón ha constituido todo un aprendizaje para el equipo. Trabajar allí es muy diferente a trabajar en uno de los pisos de pediatría que diariamente recorren los lectores del programa con los carros biblioteca. En los hospitales los niños y sus padres los esperan, están ansiosos de disfrutar las lecturas compartidas, los maravillosos relatos e ilustraciones que ofrecen los libros del acervo.

En el Batallón el encuentro con estos hombres valientes pero muy golpeados, que afrontan su recuperación física con esperanza o con resignación, es un reto cada día. A muchos les falta el interés en la mínima comunicación con otro ser humano, están deprimidos, angustiados, tristes, lejos de sus seres queridos... Luego, lentamente, gracias al trabajo de ese equipo interdisciplinario que les rodea, pero sobre todo, a esa gran capacidad humana de sobreponerse a la tragedia, los soldados van cambiando y necesitan hablar, necesitan conversaciones, momentos que les den paz, alegría. Hablan y hablan largamente, cuentan su historia, del tiempo en “el monte”, de la guerra, reafirman su amor por la institución, permiten que aflore su sensibilidad, comparten sus poemas, sus escritos. Les gustan la música, los juegos de mesa donde el reto esté presente… y se encantan con los libros para niños.

¿Libros para niños en un batallón de soldados?

En un primer momento, los lectores del programa contaron con una dotación bibliográfica seleccionada del acervo de Palabras que Acompañan que se lleva a los jóvenes en los hospitales y con algunos pocos títulos para adultos. Pero como ellos también tenían los libros para niños dentro de sus morrales, comenzaron a compartirlos con los soldados, que se cansaban muy rápido o pedían “cosas chistosas”, libros que los alegraran. Fue sorprendente ver cómo estos soldados serios y muy recelosos de todo lo que pueda afectar su imagen de hombres duros y recios, se dejaban seducir y emocionar con las situaciones y las ilustraciones de esos libros que todos pensamos son sólo para niños.

Esta situación llevó a la dirección del programa a revaluar la primera selección de títulos que se había hecho y que orientaba la compra de nuevos materiales para este trabajo específico; al mismo tiempo los lectores conocieron mucho más los gustos e intereses de lectura de los soldados. Se llegó entonces a una composición bastante singular: poesía, mucha poesía, cuentos cortos, cuento contemporáneo ilustrado, mitos, leyendas, coplas y refranes colombianos, “libros juego”, libros informativos temáticos con gran apoyo gráfico y, por último, libros de texto.

¿Cómo es el trabajo en la biblioteca?

La biblioteca es un espacio que ha exigido implementar una serie de estrategias para que los soldados cuenten con él como algo propio, en el que pueden llevar a cabo varias actividades de su interés.

Primero fue a través de los juegos de mesa. Poder acceder a tableros y fichas de ajedrez, dominó y parqués y compartir un rato con sus compañeros ha logrado mostrar que la biblioteca no es un lugar de silencio y normas estrictas que no invita a nadie a entrar en ella.

Otro interés muy grande de los soldados que validan primaria o bachillerato es encontrar ayuda para la resolución de la tarea escolar. Un tiempo importante en la biblioteca se destina a la atención de esta labor. El Batallón no contaba con libros de texto actualizados y que cubrieran todas las áreas, la dirección del programa consideró que esta era una necesidad urgente que debía atenderse.

La compra de estos materiales significó la apertura de una ruta no convencional para atraer lectores a la biblioteca. Ayudar a resolver cuestionarios y a prepararse para pruebas ha hecho que el número de visitantes vaya creciendo. Luego de realizar sus tareas se interesan en tomar otros libros por simple placer y por compartir con otros lecturas diferentes.

El programa busca además que la biblioteca del Batallón se convierta realmente en un espacio alternativo, una opción para que los soldados pasen allí parte de su tiempo libre, por esto se están diseñando otras estrategias como la programación de cine, audiciones de música popular y talleres de lectura y escritura creativa.

En resumen, ¿por qué leer en este espacio es una tarea no convencional?

Frente a una práctica clásica de formación de lectores y promoción de la lectura, aquí cada uno de los componentes parece no convencional: un Batallón del Ejército, muchos soldados heridos, mediadores que a veces destinan más tiempo a la conversación que a la lectura, divertidas sesiones de juegos que siempre ganan los soldados, libros de niños y jóvenes para hombres recios, atención a la preocupación por la tarea escolar que lleve al encuentro de otros materiales... Todo para cumplir con el propósito de acompañar a estos hombres que enfrentan el reto de construir nuevamente una imagen de sí mismos y de recomponer sus mundos.

El equipo de Palabras que Acompañan-Dolex/GSK comprende que el reto es acompañar en este proceso y bajo esas condiciones. Algunas veces tiene la satisfacción de influir en los tránsitos que varios de estos hombres hacen hacia una literatura más elaborada, si se quiere, como novelas y ensayos, que les permite una experiencia íntima, más profunda y transformadora.

Sin embargo el tiempo con el que se cuenta tampoco es convencional, no tiene mucho que ver, por ejemplo, con un largo año escolar o con el de la influencia sobre una población determinada que puede hacer una biblioteca pública.

El programa sabe que es vital que cada uno de los soldados de este Batallón pueda contar con la oportunidad de encontrarse con ese texto, con esa frase, con esa emoción que les haga sentir y experimentar la vida desde otra perspectiva. En esa dirección encamina todos sus esfuerzos. Entre tanto acompaña con la palabra a todos ellos.

Patricia Correa
Socióloga de la Universidad de Antioquia y maestra en casi todos los niveles, de preescolar a la universidad. Formadora de maestros y mediadores de lectura, también ha trabajado en investigación en educación y en la vinculación de los medios de comunicación a la promoción de la lectura. Coordina el programa Palabras que Acompañan desde su inicio.