HABLEMOS DE LECTURAS

¡Siquiera se iba la luz!





Por:Luis Carlos Ochoa

 

Los hijos olvidarán que hayamos mantenido la casa siempre limpia, pero en cambio recordarán siempre que les leíamos cuentos.
Betty Hinman

Con esta cita quiero resaltar que mi relación con los libros empieza de manera decisiva desde los primeros años.

Vivíamos en un pueblo en el que con frecuencia se interrumpía la energía eléctrica por la noche, lo que era el suceso más emocionante pues equivalía a que se suspendieran todas las rutinas; nos reuníamos con mamá, quien nos contaba, alrededor de una vela, leyendas y anécdotas de la vida ferroviaria, pues mi padre fue jefe de muchas estaciones del Ferrocarril de Antioquia y cada estación tenía su propia historia. Los relatos que más nos gustaban eran precisamente los de espantos, y el ambiente no podía ser más propicio.

Además de estos momentos mágicos papá escogía algunos ratos para leernos cuentos. Lo hacía de tal manera que cuando consideraba que ya era hora de irnos a dormir, terminaba una sesión en un punto crítico de la trama, dejándonos a todos en gran suspenso, de tal suerte que la expectativa sobre lo que iría a pasar quedaba viva para el día siguiente, como en las radionovelas, ¡ni más ni menos!

Otro encuentro memorable fue el día que llegó a la casa una caja de madera herméticamente sellada. Al preguntar por su contenido, me dijeron que era El tesoro de la juventud . Mi decepción fue grande cuando sólo vi 20 libros. Yo me imaginaba un tesoro, en sentido literal. Pero cuando papá empezó a leernos su contenido –las fábulas de Esopo, Alicia en el País de las Maravillas , las historias de las batallas más famosas, los relatos de exploradores y pioneros– ahí sí nos dimos cuenta de que realmente era un tesoro. Lo grandioso es que se reviven muchos de esos relatos como si fuera una película. Uno puede jurar que a Julio Verne lo conoció, lo vio en el cine o en la televisión, cuando la realidad es que, gracias a esos momentos luminosos, ésa y muchas otras leyendas fueron incorporadas mediante la escucha. Con esta experiencia cobra toda su fuerza aquello de que “ La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos, además de buenos hábitos, son buenos recuerdos”. Y fueron esas primeras experiencias las que me han permitido mantener un estrecho vínculo con los libros; ellos hacen parte de manera natural, de mi vida cotidiana.

Claro que hay algunos libros que nos afectan más que otros. En mi caso, la biografía de Albert Schweitzer fue definitiva para elegir profesión. Me impactó su enorme capacidad de trabajo y entrega y lo multifacético de su vida (médico, filósofo, compositor) y cómo empleó todo ello para los desposeídos del África. Cuando uno recuerda lo que él hizo, ¡se reconcilia otra vez con el género humano!

Para finalizar, la recomendación de algunos libros: Cristo de nuevo crucificado y Hermanos y enemigos de Kazantzankis, La ciudad de la alegría , de Dominique Lapierre, Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam. Y para comprender en toda su dimensión el valor del fomento de la lectura, la obra de Michele Petit Lecturas: del espacio íntimo al espacio público.

Luis Carlos Ochoa
Pediatra de la Universidad de Antioquia. Profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Pediatra de la Clínica León XIII y promotor de la biblioteca infantil del Servicio de Hospitalización de la misma. Asesor médico del programa de lectura para niños hospitalizados Palabras que Acompañan.